Arnés de seguridad
operativoCorreas finas que se confunden con pliegues de ropa y desaparecen cuando el trabajador está de frente. Es la clase más difícil de todas.
Safety Vision revisa el video del dron cuadro por cuadro y deja evidencia fotográfica con hora exacta de cada incumplimiento. Arnés, casco, guantes y enganche a línea de vida — sobre el material que ya estás grabando.
Es el modo de falla que más muertes produce en trabajo en altura, y el más difícil de ver desde el suelo: el trabajador parece protegido. Lleva el equipo encima, el supervisor lo ve de lejos con su arnés naranjo, y el cabo de vida le cuelga suelto de la cadera.
Un sobrevuelo de rutina genera horas de video que nadie revisa completas. Safety Vision las revisa todas.
Cada faena enciende lo que le corresponde. Correr módulos que no aplican solo agrega falsas alarmas: en un patio no se exige arnés, y en una estructura de acero no hay andamio que detectar.
Correas finas que se confunden con pliegues de ropa y desaparecen cuando el trabajador está de frente. Es la clase más difícil de todas.
Detecta también la mano desnuda como clase propia. La falta tiene evidencia en vez de deducirse de una ausencia — por eso es el módulo más confiable.
Con regla independiente de la postura: un trabajador agachado tiene la cabeza abajo en su recuadro y sigue llevando el casco puesto.
Andamio, escalera y plataforma elevadora. Distingue estar sobre la estructura de estar parado al lado, en el suelo.
Encuentra el mosquetón y mide dónde está: colgando del cuerpo, o puesto sobre la estructura. Hoy avisa en ámbar.
El modelo más preciso de los seis. Etiqueta la ausencia como clase propia, igual que guantes: sobre una cuadrilla real separó al hombre sin chaleco de sus dos compañeros que sí lo llevaban.
Un porcentaje global no sirve para nada: esconde justo el elemento que mata. El reporte separa cada EPP y ordena de lo que casi siempre se cumple a lo que casi nunca.
Un video con los recuadros y los veredictos, una planilla por trabajador, y una fotografía por cada hallazgo — con el segundo exacto en que ocurrió. Suficiente para una charla de cinco minutos al día siguiente.
De 109 veces que se le vieron las manos, en el 1,8 % llevaba guante. El compañero que sí los usa quedó en verde en el mismo cuadro.
El sistema no existe solo para acusar. Documentar quién cumple, con foto y hora, es lo que convierte la charla de seguridad en algo que se puede mostrar.
El estado cambia durante la faena, y el reporte lo sigue. No es un veredicto por persona: es una línea de tiempo.
Arnés puesto, casco puesto, y los dos mosquetones colgando de la cadera sin conectar a nada.
El cabo sale del arnés hacia el tubo. El marcador pasa a cumple en el mismo instante.
Un sistema de prevención que inventa incumplimientos se apaga solo: a la tercera alarma falsa nadie lo mira. Estas son las guardas que lleva dentro, cada una puesta después de un error real que encontramos y medimos.
Si no vio lo suficiente, dice «sin datos» en vez de opinar. En el video de planta —donde todos llevaban arnés— el reporte fue de cero incumplimientos y cero fotos de evidencia. Ese es el resultado correcto, y es el que más cuesta.
Un porcentaje fijo no sirve para videos distintos: la misma cifra significa cosas opuestas según cuánto se alcanza a ver. Cada trabajador se compara con los de su propia escena, que comparten cámara, distancia y luz.
Un chaleco colgado de una baranda, la pantalla de un control, un afiche de seguridad en la pared. Todas son representaciones de personas y el detector las seguía como reales. Hoy no pueden llegar a rojo.
Para emitir una alerta roja hacen falta episodios independientes, separados en el tiempo. Un mal ángulo de dos segundos no acusa a nadie.
Las 12.805 imágenes de entrenamiento se agrupan en 12.232 escenas y se reparten por escena, no al azar. Sin eso, fotogramas casi idénticos caen a ambos lados y las métricas mienten — hay datasets públicos que declaran 91 % midiendo sobre 53 cuadros de una sola grabación.
El mismo motor sirve para reconstruir lo que ocurrió y para avisar mientras está ocurriendo. Cambia el momento en que llega la alerta, no lo que se detecta.
Se sube el video de un sobrevuelo, una inspección o una cámara, y se recibe el informe: veredicto por trabajador, foto de cada hallazgo con su hora, y la planilla para el registro. Sirve para investigar un incidente, preparar una charla de seguridad o levantar el mapa de riesgos de una faena sin haber estado ahí.
El mismo análisis corriendo sobre la transmisión en vivo del dron, o integrado a las cámaras fijas que el cliente ya tiene instaladas. La alerta llega al supervisor en el momento, no al día siguiente — que es la diferencia entre corregir una maniobra y documentar un accidente.
El sobrevuelo de rutina que ya haces. No hay que cambiar el plan de vuelo ni el equipo.
Panel local en el navegador. Se marcan los módulos que aplican a esa faena y se arrastra el archivo.
Video con veredictos, planilla por trabajador y una foto por hallazgo. Todo queda en el equipo: nada sube a la nube.
Un dron, una cabina de análisis, y un módulo distinto según lo que la faena necesite mirar.
EPP y trabajo en altura sobre video de dron. Arnés, casco, guantes y enganche a línea de vida, con evidencia fotográfica.
Vigilancia perimetral con visión térmica, dron en estación y sensores en terreno. Alerta por WhatsApp apenas alguien cruza. En producción.
El dron encuentra la etiqueta, la marca en rojo y la anota: código, hora, confianza y posición. El contador va diciendo cuántas faltan.
El rodamiento que se está agarrando aparece incandescente días antes de romperse. Termografía y análisis acústico sobre correas, rodillos y motores.
Dos formas de montarla, según lo que ya tenga la operación. La misma IA en las dos.
El dron sale, recorre la faena y vuelve solo. Operación remota, sin cuadrilla en terreno y sin piloto en el sitio.
El sistema se carga en las cámaras de vigilancia de la empresa y procesa con IA on demand. Sin comprar hardware nuevo.
Sistemas integrados de gestión de seguridad operacional